Nuestra Historia

 

GÉNESIS DE NUESTRA EXISTENCIA INSTITUCIONAL: Corporación Educacional y promoción juvenil “Juan Diego de Guadalupe”

La Corporación Educación y Promoción Juvenil “Juan Diego de Guadalupe” es el resultado de la experiencia de un grupo de jóvenes de sectores vulnerables que liderados por el P. Guillermo Arceu Jeffs, quien es sacerdote de la Orden de la Madre de Dios, fueron capaces de idear un camino, un destino y una visión de futuro en conjunto en un momento y contexto social muy difíciles para el pueblo de chile y muy particularmente para los jóvenes más pobres. Ahí nació un compromiso social muy fuerte por el desarrollo y promoción de la persona humana.

Es así que en el año de 1990 –y después de años de trabajo pastoral y social en la Parroquia “Nuestra Señora de Guadalupe”, complementado con los estudios superiores en la ahora Universidad Católica Silva Henríquez- se logró crear nuestra Corporación Educacional.

Desde entonces la Corporación se consolidó como una institución que trabaja preferentemente con aquellos niños/as y jóvenes que más lo necesitan. Las principales líneas de acciones en esta época fueron las orientadas al trabajo social y pastoral, las cuales estuvieron cobijadas en la Parroquia “Nuestra Señora de Guadalupe”.

En el año 2000 la Corporación asume su máximo desafío histórico, cual es el de iniciar una experiencia educacional formal a través de la creación del colegio “San Juan Leonardi”. Aquí nacimos un 11 de abril del año 2000 con un compromiso educacional y social muy fuerte para las familias que recién se venían estableciendo en la Villa “Los Héroes de Iquique I” y que no contaban con acceso a una educación para sus hijos e hijas.

El año 2007 dimos cumplimientos a uno de nuestros sueños y desafíos más anhelados de esa experiencia, cual era la construcción de un nuevo colegio, el cual contara con una infraestructura y espacios más acogedor y amplios, como el que merecen nuestros estudiantes. Así se fundó el Colegio “San Juan Diego de Guadalupe”.

Así fue nuestra génesis de lo que es la Corporación y su relación con la Orden de la Madre de Dios. Como consecuencia de esto, nuestras dos obras más emblemáticas son, justamente, la Escuela de Párvulos “San Juan Leonardi”, que atiende a niños y niñas de la Educación Pre-Básica, y el Colegio “San Juan Diego de Guadalupe”, que atiende a niños y niñas de la Educación Básica; a jóvenes de la Educación Media y Educación de adultos.

Al igual que nuestro proyecto educativo institucional, los colegios se caracterizan por ser de inspiración cristina – católico, de carácter gratuito, sin financiamiento compartido, sin selección de estudiantes y sin discriminación religiosa.

Desde el punto de vista de su dependencia, nuestro colegio depende de la Corporación Educacional y Promoción Juvenil “Juan Diego de Guadalupe”, una organización sin fines de lucro, que fue creada el año de 1991 por resolución del Ministerio de Justicia.

En este contexto la Corporación es una institución y organización que siempre ha estado vinculada a la Orden de la Madre de Dios y que también ha hecho suyas las características más relevantes de la humanidad de “San Juan Leonardi” y “San Juan Diego de Guadalupe” como son la humildad, la honestidad, la generosidad y caridad.

La experiencia de la Corporación recoge justamente esta humanidad, porque los momentos vividos para llegar a ser lo que hoy somos, se funda en una historia de mucho sacrificio y esfuerzo. Nuestra conciencia moral y ética fue, es y será la que nos impone llevar adelante este desafío por el bien de todas aquellas familias y niños y niñas que necesitan de mayores y mejores oportunidad para crecer y desarrollarse como ser humano y en dignidad.

FUNDACIÓN DE NUESTRO COLEGIO: Colegio “San Juan Diego de Guadalupe”

El colegio “San Juan Diego de Guadalupe” es el resultado de la experiencia vivida por siete años en el colegio “San Juan Leonardi”, el cual se fundó el día 11 de abril del 2000. Aquí nos iniciamos y adquirimos en compromiso educacional y social con aquellas familias que recién se estaban estableciendo en la Villa de “Los Héroes de Iquique I” y cuyos hijos e hijas no contaban con un acceso más directo a la educación.

El colegio “San Juan Diego de Guadalupe” define su identidad en término de ser un colegio particular subvencionado, de carácter confesional católico, gratuito y que no hace selección de estudiantes en su incorporación ya sea desde el punto de vista académico como religioso.

La entidad que actúa como sostenedora del colegio es la Corporación Educacional y Promoción Juvenil “Juan Diego de Guadalupe”, una organización sin fines de lucro (O.N.G.), fundada el año de 1990 por el Padre Guillermo Arceu Jeffs, perteneciente a la Orden de la Madre de Dios.

El colegio “San Juan Diego de Guadalupe” se funda en año de 2007, cumpliéndose unos de los sueños más anhelados por la comunidad y recibiendo su reconocimiento mediante la Resolución Exenta del Ministerio de de Educación Nº 889 del 11 de abril de 2007 para la Educación Básica, Educación Media y Educación de Adultos.

En este contexto los fundamentos filosóficos y antropológicos de nuestros principios, valores y creencias están cimentada sobre la base de un pensamiento humanista y cristiano–católico de la vida y la existencia, que propende fundamentalmente al desarrollo y promoción de la persona humana, principalmente de aquellos que lo necesitan más.

Es por ello, que desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia queremos aportar a la construcción de una sociedad con más equidad y con más justicia social y más humana.

Nuestra visión última está en llegar a ser un buen colegio dentro del sector, destacándose por entregar una sólida formación académica, valórica y espiritual.

La Historia de Nuestro Santo “San Juan Diego de Guadalupe”

El Beato Juan Diego  nació en torno al año de 1474 en Cuauhtitlán, entonces reino de Texcoco, perteneciente a la etnia de los Chichimecas. Se llamaba Cuauhtlatoatzin, que en lengua materna significa “Aquila que habla” o “El que habla con el águila”.

Ya adulto y padre de familia y atraído por la doctrina de los padres Franciscanos llegados de México en 1524, recibió el   bautismo  junto con su esposa María Lucía. Celebrado el matrimonio cristiano, vivió castamente hasta la muerte de su esposa, fallecida en 1529. Hombre de fe, fue coherente con sus obligaciones bautismales, nutriendo regularmente su unión con Dios mediante la eucaristía y el estudio del catecismo.

El 9 de diciembre de 1531, mientras se dirigía  a pie a Tlatelolco, en un lugar denominado Tepeyac, tuvo una aparición de María Santísima, que se le presentó como “la perfecta siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios”.   La Virgen le encargo que en su nombre pidiese al obispo capitalin, el franciscano Juan de Zumárraga, la construcción de una iglesia en el lugar de la aparición. Y como el Obispo no aceptase la idea, la Virgen le pidió que insistiese. Al día siguiente, domingo, Juan Diego volvió a encontrar al Prelado, quien lo examinó en la doctrina cristiana y le pidió pruebas objetivas en confirmación del prodigio.

El 12 de diciembre, martes, mientras el Beato se dirigía  de nuevo a la Ciudad, la Virgen se le volvió a presentar y le consoló, invitándole a subir hasta la cima de la colina  de Tepeyac para recoger flores y traérselas a ella. No obstante la fría estación invernal y la aridez del lugar, Juan Diego encontró unas flores muy hermosas. Una vez recogidas las colocó en su “tilma” y se las llevó a la Virgen, que le mandó presentarlas al Sr. Obispo como prueba de veracidad. Una vez ante el obispo el Beato abrió su “tilma” y dejo caer las flores, mientras en el tejido apareció, inexplicablemente impresa, la imagen de la Virgen de Guadalupe, que desde aquel momento se convirtió en el corazón espiritual de la Iglesia en México.

El Beato, movido por una tierna y profunda devoción a la Madre de Dios, dejó los suyos, la casa, los bienes y su tierra y, con el permiso del Obispo, pasó a vivir en una pobre casa junto al templo de la “Señora del Cielo”. Su preocupación era la limpieza de la capilla y la acogida de los peregrinos que visitaban el pequeño oratorio, hoy transformado en este grandioso templo, símbolo elocuente de la devoción mariana de los mexicanos a la Virgen de Guadalupe:

En espíritu de  pobreza y de vida humilde Juan Diego recorrió el camino de la santidad, dedicando mucho de su tiempo, a la oración, a la contemplación y a la penitencia. Dócil a la autoridad eclesiástica, tres veces por semana recibía la Santísima Eucaristía.

Juan Diego, laico fiel a la gracia divina, gozó de tan alta estima entre sus contemporáneos que estos acostumbraban decir a sus hijos: “Que Dios os haga como Juan Diego. Uno de estos testigos, Marcos Pacheco, sintetizo la personalidad y la fama de santidad de Juan Diego: “Era un indio que vivía honesta y recogidamente y que era muy buen cristiano y temeroso de Dios y de su conciencia, de muy buenas costumbres y modo de proceder, en tanta manera que, en muchas ocasiones, le decía a este testigo su Tía: “Dios os haga como Juan Diego  y su Tío”, porque los tenía por muy buenos indios y muy buenos cristianos”.

Circundando de una muy buena fama de santidad, muriò en 1548. Su memoria, siempre unida al hecho de la aparición  de la Virgen de Guadalupe, ha atravesado los siglos, alcanzando la entera América, Europa y Asia. El 6 de mayo de 1990, en la Basílica de Roma, Vuestra Santidad presidió la solemne celebración en honor de Juan Diego, decorado con el título de Beato.

Juan Diego es llamado embajador- Mensajero de Santa María de Guadalupe. Fue beatificado en la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe de la ciudad de México el 6 de mayo de 1990 por el Papa Juan Pablo II, durante su segundo viaje apostólico  a Mèxico.

También el Santo Padre, Juan Pablo II, transmite con gran fuerza la importancia del mensaje Guadalupano comunicado por el Beato Juan Diego y confirma la perfecta evangelización que nos ha sido donada por Nuestra Madre, María de Guadalupe; “Y América, -declara el Papa- que históricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha reconocido  “en el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, en Santa María de Guadalupe, un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada”. Por eso, no sólo en el Centro y el Sur, sino también en el norte del Continente, la Virgen de Guadalupe es venerada como Reina de toda América”. El Papa Juan Pablo II reafirma la fuerza  y la ternura del mensaje de Dios por medio de la estrella de la evangelización, María  de Guadalupe, y su fiel, humilde y verdadero mensajero Juan Diego; momento histórico para la evangelización de los pueblos, “La aparición de María al indio Juan Diego –reafirma el Santo Padre- en la colina de Tepeyac, el año de 1531, tuvo una repercusión decisiva para la evangelización. Este influjo va más allá de los confines de la nación mexicana, alcanzando todo el Continente”.

El Beato Juan Diego continúa difundiendo al mundo entero este gran Acontecimiento Guadalupano, un gran Mensaje de Paz, de Unidad y de Amor que se sigue transmitiendo también por medio de cada uno de nosotros, convirtiendo nuestra pobre historia humana en una maravillosa Historia de Salvación, ya que en el centro de la Sagrada Imagen, en el centro del Acontecimiento Guadalupano, en el centro del corazón de la Santísima Virgen María de Guadalupe, se encuentra Jesucristo Nuestro Salvador.